La fracturación hidráulica, un proceso controvertido

La fracturación hidráulica para producir gas de esquisto se ha vuelto a autorizar en el Reino Unido, pero sigue siendo un proceso controvertido.
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La fracturación hidráulica, que acaba de ser reautorizada en el Reino Unido para producir gas de esquisto, sigue siendo una tecnología muy controvertida.

¿Qué es el gas de esquisto?

El petróleo y el gas de esquisto (o de lecho de roca) son hidrocarburos atrapados en rocas muy profundas y de baja porosidad (esquisto, arcilla, caliza, etc.) en las que se encuentran dispersos.

Se trata de una explotación no convencional de gas natural disperso a una profundidad de hasta 3.000 metros.

Hay otros hidrocarburos denominados no convencionales, como el gas de veta de carbón (el “grisú” de las antiguas minas de carbón) o el tight gas, contenidos en yacimientos muy profundos y difíciles de explotar.

¿Qué es la fracturación hidráulica?

Esta técnica, dominada por los estadounidenses, consiste en “fracturar” la roca con una mezcla de agua, arena y productos químicos proyectados a alta presión para liberar los hidrocarburos.

La perforación, que inicialmente se hace en vertical, se convierte en horizontal allí donde se encuentra el gas. Tras la perforación, la mezcla de gas sube a la superficie.

¿Por qué hay tanto interés en este gas?

Desde principios de la década de 2000 y la revolución del gas de esquisto, Estados Unidos se ha convertido en un gran exportador de gas natural, parte del cual se produce mediante fracturación hidráulica en el país.

El gas de esquisto está resurgiendo con la guerra de Ucrania y el agotamiento del gas ruso, lo que ha empujado a Europa a diversificar sus suministros para pasar el invierno, sobre todo importando gas estadounidense en forma licuada (GNL).

Francia ha prohibido la explotación de gas de esquisto desde 2017, pero no su importación. En nombre de su seguridad energética, el gobierno británico acaba de levantar una moratoria sobre la fracturación hidráulica, suspendida en 2019 por riesgos sísmicos.

¿De qué se le acusa?

Los ecologistas llevan mucho tiempo argumentando que la fracturación hidráulica, que provoca terremotos y riesgos de contaminación, tiene un potencial de producción de energía inmediato limitado.

También se acusa al gas de esquisto de apoyar un modelo de consumo de combustibles fósiles.

La fracturación hidráulica “no hará nada para aliviar la crisis (…), ya que pasarán años antes de que se produzca una producción significativa, sin impacto alguno en los precios de la energía”. Las comunidades locales de las zonas de fracking tendrán que pagar el doble precio de los altos precios de la energía y de la contaminación local”, reaccionó Silje Lundberg, activista de Oil Change International tras la decisión del gobierno británico.

En Estados Unidos, donde se practica el fracking a gran escala, gran parte de las aguas residuales salen a la superficie y se decantan en las plantas de tratamiento. Otro permanece en las profundidades, con el riesgo de contaminar la capa freática.

El seminal documental antisistema “Gasland” mostraba a un residente de un campo de gas prendiendo fuego a su agua del grifo, aunque es más probable que estos incidentes estén relacionados con una perforación mal realizada que con el fracking.

También hay que tener en cuenta la posible fuga de metano durante la extracción, un gas de efecto invernadero que es 80 veces más potente que el dióxido de carbono en términos de potencial de calentamiento global durante los primeros 20 años en que se libera a la atmósfera.

El uso de miles de toneladas de agua para cada operación de fracking también está en el punto de mira de los grupos ecologistas.

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